No pudo con la competencia: El infierno que derrumbó a la Muralla
octubre 29, 2009 at 7:45 pm Deja un comentario
¿Imaginan a Soledad Onetto bailando axe en “Teletrece”?
¿O a Fernando Paulsen y sus compañeros de panel entrevistando a Marlen Olivarí en Tolerancia Cero?
Es cierto: los ejemplos son extremos. Pero es lo que podría pasar si un programa decide “adaptar” sus formatos y contenidos para conseguir una mejor sintonía.
“La muralla infernal” llegó a Mega como un novedoso producto extranjero de origen japonés que ya había tenido éxito en países como España y Argentina. Un programa de concurso veraniego -acá comenzó a ser emitido en diciembre pasado- que ponía a prueba la habilidad de los “famosillos” para sortear murallas tipo tetris por las que tenían que atravesar y que sino los arrastraban hacia el agua. Javiera Contador y José Miguel Viñuela animaban el espacio y su horario estelar le permitió mantener una sintonía digna y comercialmente apetecible.
Pero luego llegó el invierno, y un programa con piscina y modelos en bikini haciendo de salvavidas no funcionó como se esperaba, menos en la noche. Se decidió entonces pasarlo a la franja de las 20 horas… y reemplazando a los rostros “estelares” por el humor de Fernando Godoy y la curvilinea simpatía de Lucila Vit (quien antes hacía de modelo en el espacio y era, según sondeos internos de Mega, uno de los “contenidos” más atractivos del programa).
Fue el comienzo de una metamorfosis que ni Kafka hubiese comprendido.

Joyce fue una de las integrantes de Yingo que renunció para formar parte del elenco de La Muralla Infernal.
Porque “La muralla infernal” pasó a ser una suerte de programa de baile con piscina y jóvenes ventilando sus intimidades. Algo que -¡oh sorpresa!- se podía ver a esa misma hora en la TV con tan sólo apretar un botón del control remoto: En CHV estaba Yingo (otro ejemplo de formato en constante adaptación, aunque con un criterio más coherente) con sus modelais y populais…donde lo que destacaba eran los conflictos entre Arenita y Karol Dance; o en el peor de los casos entre Mariuxi y Hardcorito. Conflictos que a veces llegaron a hastiar a los propios participantes que, cansados, emigraron a la competencia y terminaron en “La Muralla” haciendo de las suyas.
Basta con analizar el caso de Joyce Castiblanco o el Gringo, que ahora tienen sus propias secciones de baile en el espacio que les brinda Mega.
Cuando un programa no logra el éxito esperado es entendible que un par de manitos de gato logren dar con aquella cuota de “no se qué” que el telespectador espera. Pero en televisión, como en la vida, todo tiene un límite. Y los criterios editoriales (en el caso de Mega sobre todo) y una mínima decencia programática debería haber significado un sinceramiento en lo que le estaba pasando a “La muralla infernal”. ¿No funcionó? ¿Los cambios no dieron fruto? Entonces a conseguir otro programa o idear uno propio. Esto, más allá de la sintonía que hoy mantiene el programa.
No tiene sentido mantener al aire un espacio llamado “La muralla infernal” donde, al final, lo que menos importa es la muralla y los cada vez menos entusiasmados concursantes.
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